LA RESPUESTA CONJUNTA DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS
El 29 de octubre de 2024, la Comunidad Valenciana fue azotada por un temporal de lluvias torrenciales conocido como DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos). Este fenómeno dejó 229 personas fallecidas (dos más aún desaparecidas) y afectó a más de 100.000 inmuebles, de los cuales al menos 60.900 eran viviendas. Cerca de 40.000 alumnos y alumnas vieron interrumpidas sus clases, según fuentes oficiales.
La Compañía de Jesús, a través de sus organizaciones en la zona (el Centro Arrupe, las Escuelas San José, Entreculturas Valencia y SJM Valencia) impulsó desde el primer momento una red de respuesta y acompañamiento que, un año después, sigue activa.
Durante los meses posteriores a la emergencia, esta red actuó en 17 municipios valencianos, acompañando a niños, niñas, familias, personas migrantes, mayores y personas con problemas de salud mental. En total, a través de las diferentes acciones de respuesta a la catástrofe, se ha atendido y acompañado a 3.434 personas de manera directa (distribución de alimentos y ayudas de emergencia, reconstrucción de espacios, acogida educativa, atención psicosocial y psicoeducativa, acogida y hospitalidad, redes de apoyo mutuo), y 7.661 personas han participado en otras acciones que, de manera más indirecta, han contribuido a impulsar el bienestar y la reconstrucción social de la población afectada (a través de acciones de sensibilización y/o comunicación como la difusión de mensajes, eventos solidarios como carreras, o de atención espiritual y escucha como vigilias y grupos de acompañamiento).
Hospitalidad que reconstruye vidas
Las Escuelas San José se transformaron en un gran centro logístico. Allí, profesorado y alumnado de Formación Profesional se pusieron al servicio de su comunidad: distribuyeron alimentos a más de 630 personas y operaron 10 bombas de achique para desalojar el agua y recuperar espacios en barrios como Paiporta o Catarroja.
Sus instalaciones también acogieron a 29 familias que habían perdido su hogar y se reubicó temporalmente a centenares de estudiantes de otros centros para garantizar la continuidad educativa. En los patios donde antes resonaban las sirenas de emergencia, volvieron a escucharse risas y clases: el sonido cotidiano de la vida que se abre paso. “Nos abrieron los brazos, las puertas, el colegio, todo, y nos dijeron en pocas palabras, esta es vuestra casa, el tiempo que necesitéis”, recuerda Mar Ibáñez, una de las madres de familias acogidas de Paiporta.
El Centro Arrupe se convirtió en el corazón de la coordinación solidaria. Desde allí se articularon redes de apoyo, espacios de escucha y encuentros de oración. Más de 100 personas encontraron acompañamiento emocional en el duelo en su Centro de Escucha, mientras que jóvenes de toda España participaron en el campo de trabajo solidario, colaborando en tareas de reconstrucción y muy especialmente centrados en la recuperación del local de atención de Cáritas en Paiporta que había quedado destrozado. En medio del dolor, el Centro Arrupe se convirtió en símbolo de comunidad, donde lo espiritual y la acción se dieron la mano para sostener a quienes más lo necesitaban.
El Servicio Jesuita a Migrantes (SJM) Valencia fue un pilar en la atención a personas migrantes afectadas por la catástrofe. En muchos casos, perdieron su vivienda o sus medios de vida y quedaron fuera del acceso a las ayudas públicas debido a su situación administrativa irregular. ”A partir del primer momento nos ponemos en marcha para dar una respuesta integral a esta necesidad que había, que era la de ver cómo poder acompañar a estas personas que perdieron todo” explica Cecilia Villarroel, Directora del SJM Valencia.
El SJM Valencia acompañó a más de 300 personas en talleres y asesoramientos legales, reactivó programas de inserción laboral y ofreció alojamiento temporal a 35 personas —entre ellas 15 menores— en el proyecto de Hospitalidad con la comunidad de Jesús-María, donde además se brindó apoyo psicológico, jurídico y comunitario. Una hospitalidad que, más que techo, ofreció dignidad y esperanza.
Educar también en la emergencia
Desde Entreculturas, la educación se convirtió en herramienta de reconstrucción emocional y ciudadana. “Los primeros días hicimos un rastreo de centros con los que trabajamos para saber cómo estaban, cómo les había afectado la DANA y, sobre todo, cómo podíamos trabajar con ellos en un momento como aquel”, explica Bárbara Lara, Técnica de Ciudadanía Global de Entreculturas Valencia. Se distribuyeron recursos educativos, se diseñó una guía didáctica sobre resiliencia y solidaridad, y se acompañó al profesorado en colegios improvisados.
Nació así el programa “Espai Xarxa: La solidaritat ens dona un respir”, que permitió que 530 jóvenes y docentes de tres institutos afectados (Sedaví, Catarroja y Aldaia) se reencontraran para sanar juntos desde la palabra, el arte y la reflexión. También se impulsaron encuentros juveniles —como el de Aldaia, donde los y las jóvenes afectados y el voluntariado compartieron experiencias— y acciones de cuidado de la naturaleza, como la limpieza de playas en El Saler, uniendo la recuperación ambiental con el compromiso ciudadano. De esta forma, la educación se hizo herramienta de resiliencia, enseñando que la reconstrucción también empieza desde dentro, desde la empatía y la acción colectiva.
De la emergencia al apoyo mutuo: Paiporta
Con el paso de los meses, la ayuda inmediata se transformó en participación y la emergencia dio paso al apoyo mutuo. En Paiporta, una de las zonas más castigadas, el trabajo conjunto de las obras jesuitas y las familias de las Escuelas San José dio origen a una red vecinal que hoy acompaña a más de 200 familias. “Cuando generas estas redes de solidaridad, generosidad y de cooperación es cuando la ciudadanía se siente más fuerte también para ser protagonista de la reconstrucción de su municipio”, subraya Encarna Durán, Coordinadora territorial de Entreculturas Valencia.
Esta iniciativa espontánea de ayuda se ha convertido en un verdadero movimiento ciudadano. Sostenido por Entreculturas y el SJM Valencia, cuenta con un local propio y una educadora social que dinamiza talleres, asambleas y grupos de escucha.
La fuerza de reconstruir en comunidad
Un año después de la DANA, la Compañía de Jesús en Valencia sigue acompañando el proceso de recuperación. Porque la reconstrucción no acaba cuando se levantan las paredes, sino cuando las personas recuperan su confianza, su lugar y su voz. El barro se secó, pero la solidaridad permanece.
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